Argentina: De Jujuy a la Plaza: ¿importa la clase social?

Resulta curiosa, al menos, la reacción de algunos exponentes cristinistas frente a las masivas protestas del jueves pasado. Uniforman el reclamo como obra exclusiva de ricos insensibles de Barrio Norte y se asumen…

Compartir – Por Eduardo Aulicino Diario Clarín – En Foco – 17/09/12

… en contrapartida, como representantes genuinos y excluyentes de los sectores humildes, de los “negros”, según la expresión de algunos dirigentes.

Con alguna resaca ideológica elitista, lejana, más iluminista que romántica, se exhiben como guías y traductores de los excluidos, se presentan como sus iguales, pero no lo son: a las limitaciones ideológicas, muchos suman cuentas millonarias y casas en barrios tan o más acomodados que los que según su visión fueron único motor de la protesta. La descripción, forzadamente elemental, alcanza en espejo para evitar descalificaciones lineales: ni oficialistas ni caceroleros son mejores o peores por eso . Hay otros elementos, de mayor peso. Hace unos días, en Humahuaca, se produjo una movilización para evitar la toma de tierras por parte de una organización oficialista. Nadie del Gobierno dijo algo sobre lo ocurrido, ningún funcionario reparó en la composición social de la pueblada. Sólo hubo silencio frente al episodio, que dejó un muerto. ¿Importa la clase social?

Más silencio.

Lo que ocurrió en Humahuaca incomodó al Gobierno. Los humildes pobladores del lugar tuvieron que defenderse solos frente al intento de copar tierras desplegado, con exposición de aparato, por una organización ligada a Milagro Sala, que luego salió a despegarse declarando una reciente fractura con ese grupo. La situación expuso algunas de las cosas que se repiten en aquella provincia. El gobernador Eduardo Fellner buscó también no pagar costos políticos. Pero el reclamo de la población no se apagó de un día para el otro y el intendente, que había amagado con renunciar, finalmente tuvo que dejar el cargo para amortiguar las tensiones.

En el Gobierno, todos se hicieron los desentendidos. Olivos no emitió señal alguna. Ningún funcionario de primer nivel se hizo cargo de viajar a la provincia. El Congreso, dominado por el kirchnerismo, miró para el costado.

No importó la condición social de los pobladores. No se contempló la gravedad de la situación, que produjo un muerto.

Sólo silencio.

El episodio está lejos de ser único. El caso más recordado, porque la protesta se trasladó por un tiempo a la Capital, es el del pueblo qom, en Formosa. El enfrentamiento fue por tierras y dejó muertos. También allí, el Gobierno únicamente buscó bajarle el perfil  al conflicto y mantener el respaldo al gobernador Gildo Insfrán. No pesó el origen y la condición social de los pobladores, que acusaban a las autoridades locales y a los dueños de tierras. Algo similar, con menos repercusión mediática, ha ocurrido más de una vez en Santiago del Estero, gobernada por otro aliado, Gerardo Zamora.

Con este telón de fondo, vale volver a las movilizaciones del jueves. Los argumentos ideológicos del cristinismo suenan huecos, son apenas cáscara. Queda entonces el análisis sobre la táctica coyuntural del núcleo del poder –con aval de la Presidenta, se supone– que no comparten otros kirchneristas y genera mayores reparos en las estructuras más tradicionales del peronismo. Lo que ensayan Juan Manuel Abal Medina y otros oficialistas verticales es una caricatura descalificadora de las marchas que sorprendieron en la Capital y muchas ciudades del interior, empezando por provincias de significativo peso electoral.

¿De dónde parten? Se toman de las expresiones duras, incluso insultantes y fascistoides, de algunos grupos que participaron de las marchas. Fueron expresiones menores: lo cuentan cronistas que cubrieron las caminatas y hay grabaciones en los canales que dieron la información. Los voceros súperalineados del Gobierno intentan tomar esos fragmentos como expresión del conjunto, que mayoritariamente protestó por un paquete amplio de demandas. La inseguridad, el rechazo a la re-reelección, el uso intensivo de la cadena nacional fueron algunas de las consignas centrales. Decir que todos fueron a reclamar por los dólares, que son videlistas y que piensan en Miami antes que en el país no le sirve a la propia tropa y hasta puede convertirse en aliento para nuevas manifestaciones. Ni siquiera importa, desde la lógica reducida de la política, que sea falso.

Existen, entre muchas lecturas, dos en las que reparan incluso en el PJ quienes pidieron escuchar las protestas: la extensión geográfica de las marchas y la extensión cultural de las capas medias, tan denostadas desde el cristinismo.

Las mayores demostraciones se produjeron en distritos que están en la mira permanente de las ofensivas de Olivos: la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe.

No resulta un dato menor.

Y en cuanto a la clase media, los políticos experimentados, además de sociólogos y consultores, saben que esas franjas son veloces y contagiosas para generar tendencias y humores sociales.

El cristinismo puede desconocerlo, aunque resultaría extraño por su origen y experiencia. Eligió, pasada la sorpresa, ir al choque. Hay interrogantes sobre cómo sigue la película, pero parece claro que el libreto ideológico es artificio.

Eduardo Aulicino

Clarín.com

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