Uruguay: El Estado y sus negocios con los privados: una eterna película de fantasmas

¿Se acuerdan de Stephane Benhamou? En 1994 el gobierno del Partido Nacional le vendió el Banco Pan de Azúcar. Un fenómeno el egipcio. De Stephane Benhamou a Matías Campiani, nada ha cambiado.

Compartir – Gabriel Pereyra – El Observador – 03.10.2012 09:14

El Banco Central le pidió capitalizar con US$ 9 millones y al otro día se prestó a sí mismo la misma cantidad. Todo terminó en una gran estafa que pagó la gente y cuyas verdaderas ramificaciones con el gobierno de la época siempre quedarán en duda por más “embestida baguala” que se endilgue a quienes investigaron el caso.

Dos años antes le habían vendido el Banco Comercial a los hermanos Rohm. En 2002 vaciaron el banco y junto con el manejo financiero de los hermanos Peirano Basso en el Banco Montevideo sumaron a la crisis bancaria y económica que se cernió sobre el país en aquel año.

También estuvo la concesión para marcar los autos por parte del Banco de Seguros, que se hizo de manera tan prolija con los particulares que el presidente de la institución, Julio Grenno, terminó preso.

Luego estuvo la concesión de la Terminal de contenedores. No hubo procesamientos ni nada, pero todo el país escuchó a dirigentes políticos y operadores en grabaciones clandestinas ofreciendo millones de dólares para lograr la concesión.

Y en 1997 le concedieron a Carmitel el Hotel Casino Carrasco por 30 años pero en 2006 se la sacaron porque todo era un desastre y el hotel seguía en ruinas.

Y estuvo la concesión de Uragua, el servicio de agua potable en determinadas zonas del país, a un grupo español que no cumplió con las inversiones prometidas y hubo que retirarle el permiso.

Y vino Juan Carlos Bengoa para, en nombre de la nueva ética frenteamplista, conceder de manera poco usual el servicio de slots. Tampoco lo hizo muy prolijo porque también terminó preso.

Y con esta historia –un resumen muy resumido y generoso- de las concesiones y licitaciones y líos entre el Estado y los privados, llegó el momento de conceder Pluna y la concesión se hizo de manera directa. En estos días se vendieron 7 de los 13 aviones y el Estado se sacó una parte del problema. La otra parte se llaman US$ 130 millones y 900 personas desempleadas.

Con esta historia tras de sí, ANCAP cerró en estos días el llamado para construir la regasificadora, una obra de US$ 900 millones y se negó a dar el nombre de los que se presentaron. Cuando la historia misma pide a gritos transparencia, Ancap oculta los oferentes de esta impresionante obra.

Pero si hay una demostración de que el país no aprendió nada acerca de que a estas costas llegan muchos piratas (o “fantasmas” a decir del presidente de Ancap, Raúl Sendic) dispuestos  a hacer negocios, es lo que ocurrió y sigue ocurriendo en UTE.

La licitación para construir una central de ciclo combinado en Puntas del Tigre con un costo de US$ 500 millones, fue asignada inicialmente a la firma Hyundai Engineering Company que en realidad había fraguado su supuesta experiencia atribuyéndose tareas que había hecho Hyundai Engineering & Construction Company (HDEC), otra firma que no se había presentado a esa licitación.

Si el diputado nacionalista Jorge Gandini no hubiera agitado en tema a través de la prensa, tremenda licitación habría caído en mano de estos falsificadores. Los técnicos de UTE que manejan decisiones que involucran US$ 500 millones, parecen pintados.

Entonces UTE (apretada por los plazos porque si el 31 de diciembre no decidió pierde los US$ 100 millones que tiene para iniciar la obra) hizo una nueva licitación, más abreviada. Resultado: la argentina Electroingeniería, que había quedado quinta en la primera licitación, quedó primera.

Los técnicos de UTE parece que no habían reparado en que los volúmenes de potencia que se comprometía a dar Electroingeniería eran imposibles de lograr con las máquinas disponibles en el mercado. Los técnicos, pintados.

Las firmas competidoras les hicieron saber que las máquinas que Electroingeniería iba a usar, de las que solo hay 6 en todo el mundo, se habían dejado de construir en 2005. Como quedó en evidencia, UTE bajó a Electroingeniería pero argumentando que sus antecedentes no eran buenos. Un verso para tapar la otra macana.

¿Y qué hizo UTE? Aunque la licitación había quedado sin efecto, al punto que le devolvió la garantía que habían presentado todas las empresas, igual se guió por el resultado de ese llamado que jurídicamente era inexistente y empezó a negociar con la que había quedado segunda, Hyundai Engineering & Construction Company (HDEC), que ahora sí se presentó a esta licitación. Un negocio de US$ 500 millones que será concedido de manera directa, igual que Pluna.

UTE no maneja negociar con dos o con tres firmas a ver si consigue un mejor precio y evade a los fantasmas que en este país parece que resurgen detrás de cada puerta que dice “negocio con el Estado”. ¿Para qué? Si sale mal, como tantas veces ha salido mal, ya habrá quien pague, y el que paga, usted sabe bien quién es ¿no?

@gabrielhpereyra

El Observador

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s