“Ha cometido un delito, vino a joder la vaina a Venezuela. Se queda acá”

“Treinta horas después de que ocho periodistas argentinos fuéramos detenidos sin orden judicial en Caracas, por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), ninguna autoridad del Gobierno Nacional se comunicó aun con nosotros”

Compartir – Por Nicolás WiñazkiDiario Clarín – Relato de viaje – 10.10.12

Un periodista de Clarín, integrante del equipo de Lanata, cuenta cómo fueron amenazados en el aeropuerto.

“Jorge Lanata, Ricardo Ravanelli, Tamara Florín, Carlo Torres, Gastón Cavanagh, María Victoria Bourdieu, Sebastián Gómez Sánchez y yo sentimos el lunes que estábamos muy solos, ahí, en esos cuartos de luces opacas y tintineantes del SEBIN en los que fuimos amenazados y robados por fuerzas policiales de otro país, la Venezuela de Hugo Chávez”.

Habíamos viajado allí una semana antes para cubrir las elecciones presidenciales. Ya nos estábamos yendo cuando descubrimos que nos estaban esperando. El lunes, pasadas las cuatro y media de la tarde, seis, siete, ocho agentes del SEBIN nos detuvieron en el hall del aeropuerto Maiquetía.

Preguntaron primero por Lanata. Lo rodearon, le dijeron que debía acompañarlos. Quisimos filmar lo que pasaba, sacar fotos. Los espías se enojaron, exigieron que se apaguen las cámaras, los celulares. Hubo discusiones, gritos, forcejeos.

Nos sacaron los pasaportes. Nos obligaron a ir al subsuelo.

En medio del vértigo, Lanata llegó a hablar con el embajador argentino en Caracas, Carlos Cheppi, que le prometió que se ocuparía de nosotros, que se volvería a comunicar. Mentía, como siguió mintiendo cuando dio entrevistas dando su versión sobre lo que había pasado. Los ocho detenidos fuimos obligados a abrir nuestros equipajes. Nos revisaron todo, incluyendo las notas manuscritas, intentando saber qué habíamos hecho en Caracas, a quiénes habíamos entrevistado. Nos sacaron las computadoras, los celulares, Ipads (los devolvieron, en su mayoría, borrados). Pidieron ver lo filmado por el camarógrafo Torres.

Se robaron los tapes que pertenecían a Canal 13. Borraron lo que habíamos alcanzado a grabar en una cámara de mano cuando nos arreaban a los gritos, arriba, un rato antes. Quizás ese material pueda recuperarse.

Lanata fue llevado a una oficina aparte. Lo interrogaron a solas una hora. Después me llevaron a mí. Dos agentes, uno identificado como comisario, me encerraron en una pieza y durante cuarenta minutos me amenazaron con dejarme preso si no cooperaba.

Querían que les dijera quién era la fuente que me había enviado un documento del SEBIN, el número 3086, difundido en el programa de televisión de Lanata, en el que se confirmaba que esa misma fuerza la que lo había detenido e interrogado cuando llegamos a Caracas una semana atrás. Insistían con que abra mi casilla de mail privada p ara que ellos pudieran ver el remitente en el que había llegado ese documento. Me negué. Una y otra vez. Jamás iba a revelar mi fuente. Paradojas: el documento filtrado del SEBIN, que tanto enervaba ahora al SEBIN fue filtrado por el SEBIN.

Pedí varias veces un abogado de la embajada argentina. Me lo negaron.

Pedí un vaso de agua. Me lo negaron. Pedí ir al baño Me lo negaron. Pedí ver a Lanata. Me lo negaron. Pedí que me expliquen por qué estaba ahí. No me negaron la respuesta: “Ha cometido un delito, vino a joder la vaina a nuestro país, está jodido, te vas a quedar acá Wiñazki, 28 del tres del 80 (mi fecha de nacimiento), abrí tu mail, abrí tu mail, abrí tu mail ahí, en esa computadora“. No lo hice. No lo haría. La cosa se puso cada vez peor. Uno de los agentes se levantó, le habló al oído al otro, se fue. El que se quedó trabó la puerta, se paró apoyando las manos en una silla, cerré los ojos, pensé que me pegaba. El interrogatorio siguió, cada vez más pesado: “Tu quieres un abogado de la embajada… El Gobierno de nuestro país tiene muy buena relación con el de Argentina“.

El miedo me invadió cuando volvió el otro interrogador. Estaba más enojado, gritaba, agitaba las manos: “Ahora sí Wiñazki, la jodiste, tus compañeros se van, te quedas aquí, ya está, perdiste, no has colaborado, estarás preso”.

De golpe la puerta se abrió. Le comunicaron a mis compañeros que yo me iba a quedar ahí, preso, y ellos no. Lanata tardó menos de un segundo en ponerse firme: “Si él se queda todos nos quedamos con él“. Los demás asintieron. Un gesto inolvidable. Los agentes se pusieron nerviosos. Algo pasó en esos segundos de vértigo. De golpe, me encontré caminando por un pasillo.

De modo sorpresivo, nos habían liberado.

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Amplio repudio al borrado del material periodístico

Clarin.com

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