Iglesia: Dinero y poder en el Vaticano

por  Desde el Margen – La Haine – Compartir

En 1978, tras 33 días de pontificado, fue encontrado muerto en su habitación el Papa Juan Pablo I. El escritor David A. Yallop señala la teoría de un crimen mafioso.

Todos recordamos la zaga “El Padrino”, en la que se representa en forma ficticia tal idea. ¿Idea imaginaria, descabellada?

Las conexiones históricas del más alto entorno de la Iglesia y el poder terrenal -príncipes y reyes-; las sucesiones papales; la relación del Vaticano con el sistema capitalista; el “Santo” aval a la conquista y la esclavitud. ¿Qué son si no caras de una misma moneda?

 Desde el Margen propone recordar a Albino Luciani (el Papa Juan Pablo I) “fallecido” en 1978. Motivo posible de su muerte: dinero y poder. Paul Marcinkus es la figura descollante en este proceso, quien murió este mismo año (2006).

Para aproximarnos a él, reeditamos dos interesantes informes.

El Vaticano y sus finanzas

Los dineros de la Iglesia han sido, desde siempre, fuente de polémica. Y ésta, por su parte, ha tratado el tema con un extremo pudor.

Más si cabe a partir de finales del siglo XIX, cuando la Santa Sede, que hasta entonces mantenía una economía artesanal basada en las aportaciones y donaciones de los fieles, entró de lleno en el capitalismo y se acompasó a las reglas del mercado y de la organización financiera mundial.

Las opacas fuentes de financiación, la ausencia de un control externo de sus balances o el destino asignado a sus ingresos son características que han presidido la historia financiera de la institución.

En el caso del largo papado de Juan Pablo II, un escándalo bancario que irrumpió en la década de los ochenta llegó a minar de forma muy sensible el prestigio del Vaticano, cuya supervivencia económica puso en serio riesgo.

Los oscuros negocios de Marcinkus

El ‘caso Marcinkus’ -al que da nombre un sacerdote lituano luego exiliado en Estados Unidos que durante largo tiempo guardó celosamente los secretos de las finanzas vaticanas- alimentó innumerables portadas de periódicos desde 1982, año en que se conocieron las primeras informaciones sobre el escándalo.

Marcinkus dirigió durante casi veinte años -desde 1972 hasta su retirada en 1989- el Instituto de Obras para la Religión (IOR), conocido familiarmente como el ‘Banco del Papa’.

La autonomía e independencia de que gozaba desde 1942 esta institución permitió al arzobispo de origen lituano una gran libertad de movimientos.

Esta autonomía se tradujo en los oscuros contactos que mantuvo con los banqueros italianos Sindona y Calvi, cuyas aventuras financieras internacionales culminaron con la quiebra de sus bancos, en especial el Ambrosiano de Milán -una de las principales herramientas de financiación del Vaticano-, que el segundo de ellos presidía.

Estas heterodoxas operaciones tuvieron unas consecuencias económicamente desastrosas. El IOR quedó profundamente desacreditado y sus reservas -de las que debieron salir los 240 millones de dólares entregados finalmente por el Vaticano en 1984 a los acreedores del Ambrosiano- mermadas.

La figura de Marcinkus, un peculiar arzobispo que fumaba dos paquetes de Marlboro al día, era aficionado al bourbon y cuyo porte físico atraía a las mujeres, no se vio afectada excesivamente por los acontecimientos.

Incluso dentro de la Iglesia tuvo, después de que estallara el escándalo, apasionados defensores. Acorralado en algunos momentos por la policía y la Justicia italiana, consiguió abandonar discretamente el cargo.

Pero su herencia ha sido difícil de sobrellevar y, finalmente superar, para la institución católica. Cuando en 1989 se decidió su retirada para proceder a un ‘lavado de cara’ de las finanzas vaticanas, sus arcas estaban casi vacías: ese año el déficit presupuestario alcanzó los 70 millones de dólares. La economía de la Santa Sede había tocado fondo, después de sucesivos años de pérdidas.

Nuevo rumbo

Juan Pablo II reaccionó. Se nombró una comisión de cinco cardenales para velar permanentemente por el funcionamiento ortodoxo del IOR. Además, se creó un consejo de expertos provenientes del mundo de la banca internacional -en el que entró a formar parte José Ángel Sánchez Asiaín, entonces presidente del Banco Bilbao Vizcaya- para orientar las finanzas de la Santa Sede, lo que constituyó un aval añadido de la voluntad real de cambio del Papa.

El nuevo rumbo de la política económica vaticana rindió frutos muy pronto. A partir de 1992 se logró invertir el saldo negativo, y en los años sucesivos el superávit ha sido modesto pero positivo.

Mucho ha influido en la mejora el caudal aportado por las diócesis, a través de las limosnas entregadas por sus respectivos fieles. Pero el éxito se debe también a las prestigiosas autoridades económicas ‘fichadas’ por el Vaticano para asesorar sobre el estado de sus cuentas, como sucedió, por ejemplo, en 2000 con el ex director del Fondo Monetario Internacional, el francés Michel Camdessus, poco después de abandonar su cargo.

Ese mismo año el cardenal y arzobispo de Barcelona, Ricard Maria Carles, fue nombrado miembro de la Prefectura para los Asuntos Económicos del Vaticano.

El nombramiento, cuya designación realiza el papa Juan Pablo II de forma personal y directa, supuso un importante aval de confianza hacia Carles, involucrado en 1996 en una supuesta operación de blanqueo de dinero y tráfico de armas por fiscales italianos, cuyas pruebas resultaron finalmente inconsistentes.

Al saneamiento económico de la década de los noventa ha acompañado además una cuidadosa campaña de imagen que haga olvidar los escándalos del pasado. El Vaticano dedicó en estos años parte de sus ingresos a ayuda humanitaria, principalmente en África. El superávit de las celebraciones tuvo también un destino social, como el Jubileo de 2000, que se utilizó para habilitar un edificio destinado a los minusválidos en Roma.

Beatificación

La ‘purga de los pecados’ económicos de la Iglesia quedó zanjada, probablemente, en 1998 cuando Juan Pablo II beatificó a Giuseppe Tovini, fundador del Banco Ambrosiano.

El ‘ascenso a los cielos’ de Tovini, un banquero que en el siglo XIX aunó las habilidades profesionales con su vocación cristiana, consiguió, de alguna manera, enterrar la etapa de uno de sus sucesores, Roberto Calvi, quien desfalcó los fondos del banco, lo llevó a la quiebra, acabó ahorcado en un puente de Londres en 1982 y, por fin, sumió al Pontificado de Juan Pablo II en una de las mayores crisis de su larga historia.

Febrero de 2006: murió en EE.UU. Paul Marcinkus

El arzobispo estadounidense Paul Marcinkus, conocido como ‘el banquero de Dios’ por haber administrado el Instituto de las Obras Religiosas del Vaticano, ha muerto a los 84 años. Marcinkus fue relacionado con la quiebra del Banco Ambrosiano.

Para quienes aseguran ser los representantes de Dios en la Tierra y tienen como misión velar por la salvación de las almas, ocuparse de algo tan asquerosamente material como el dinero siempre ha resultado un asunto embarazoso. Sin embargo, el arzobispo Paul Marcinkus jamás tuvo ese tipo de prejuicios.

Quizás precisamente por esa falta de escrúpulos, este sacerdote estadounidense, que en 1971 fue nombrado por Pablo VI director del Instituto para las Obras Religiosas (el IOR, más conocido como el Banco Vaticano), acabaría protagonizando uno de los más sonados escándalos financieros que hayan sacudido nunca al Vaticano: la quiebra del Banco Ambrosiano. Marcinkus, más conocido como El banquero de Dios, falleció este martes en Estados Unidos a los 84 años de edad.

Tenía 47 cuando se hizo con las riendas del Banco Vaticano, una de las tres instituciones financieras con que cuenta la Santa Sede. Desde el principio, tuvo claro que el Altísimo le había encomendado una misión de la máxima importancia: sanear las maltrechas finanzas de la Iglesia, que tras el Concilio Vaticano II se encontraban en números rojos.

A ello se dedicó en cuerpo y alma, aplicando a la tarea unos criterios dignos de un tiburón de las finanzas que, en seguida, le hicieron ganarse la admiración y el respeto de muchos representantes del poder económico.

Diversificó, por ejemplo, las inversiones internacionales de la Iglesia, colocando dinero en Estados Unidos, Canadá, Suiza y la ex República Federal Alemana.

Dadas además las ingentes sumas que movía, pronto se hizo famoso en los ambientes financieros. Por si fuera poco, mostraba además las aficiones típicas de un banquero moderno: le gustaban los puros y era un apasionado del golf y del tenis. No obstante, muchos en la Curia romana arrugaban la nariz ante la mera mención de su nombre, mostrando así su desaprobación por un estilo de vida que, en su opinión, no encajaba con el ambiente vaticano.

Pero lo que nadie podía negar era que Marcinkus era un hombre astuto.

Justo cuando Marcinkus se encontraba en la cúspide de su éxito y el Papa le acababa de nombrar organizador de sus viajes y secretario del Pontificio Consejo de la Ciudad del Vaticano, el Banco de Italia y la magistratura de Roma empezaron a observar con sospecha sus tejemanejes financieros.

Fue Michael Sindona, presidente de la Banca Privada y considerado próximo a los ambientes de la mafia italoamericana, el que puso a las autoridades sobre su pista, al quebrar su entidad y acusar al arzobispo Marcinkus y a Roberto Calvi, presidente del Banco Ambrosiano y miembro de la logia masónica P2, de haberse involucrado con él en diversas operaciones consideradas de alto riesgo.

Según Sindona, fue él quien presentó a Calvi y a Marcinkus, quienes en 1971 fundaron en Nassau un paraíso fiscal en las Bahamas, el Cisalpine Overseas Bank. A través de esa sociedad y de otras muchas superspuestas, Calvi y El banquero de Dios habrían operado juntos, destinando dinero a operaciones ocultas, pagando sobornos, moviendo dinero negro procedente de la evasión fiscal o lavando dinero de la mafia y otras organizaciones criminales.

Y el escándalo no había hecho más que empezar. En 1981, el Banco de Italia denunció la existencia de un agujero de 1.400 millones de dólares en las cuentas de las filiales extranjeras del Banco Ambrosiano. El Banco Vaticano era uno de los 13 accionistas del Ambrosiano, y controlaba el 20% de su capital, lo que significaba que, como mínimo, había hecho la vista gorda ante algunas de las oscuras operaciones emprendidas por la entidad.

“El Banco Ambrosiano no es mío. Yo sólo estoy al servicio de otro. Más no puedo decir”, declaraba Calvi a los jueces milaneses desde la cárcel de Lodi. Fue condenado a cuatro años de cárcel. Pero poco después de que tratara de quitarse la vida en su celda, obtuvo la libertad condicional. Y, ya en la calle, volvió hacerse con el mando del Ambrosiano. Aunque no por mucho tiempo: el 27 de abril de 1982 el boss mafioso Danilo Abbruciati trató de asesinar al vicepresidente del banco Ambrosiano, Roberto Rosome.

A partir de ahí, todo se precipitó. El 17 de junio, el Banco de Italia suspendió la cotización en Bolsa de los títulos del Ambrosiano y el banco fue declarado en bancarrota.

Roberto Calvi huyó y su secretaria se suicidó. Pocos días después, el 18 de junio de 1982, el cadáver de Calvi fue hallado colgado bajo un puente de Londres, con los bolsillos repletos de ladrillos, en lo que parece un asesinato por cuenta de la mafia. El Vaticano se vio entonces inundado de acreedores que solicitaban que, como accionista del Ambrosiano, la Santa Sede respondiera por la quiebra del banco y asumiera las deudas de éste.

La Justicia italiana pidió permiso a las autoridades vaticanas para poder procesar a Marcinkus, pero la Santa Sede se lo negó, asegurando que el Vaticano no tiene nada que ver con la quiebra del Ambrosiano.

Sin embargo, y en contra de la opinión de Marcinkus y de la mayoría de la Curia vaticana, el entonces secretario de Estado Vaticano, el cardenal [argentino] Agostio Casaroli, decidió pagar 406 millones de dólares a los bancos acreedores del Ambrosiano en concepto de “contribución voluntaria”, al considerar que la Santa Sede tenía ante ellos una responsabilidad moral.

Al mismo tiempo, la Santa Sede le retiró a Marcinkus el timón de la Banca Vaticana. Entonces dejó Roma y se retiró a una parroquia de Illinois. Fue allí donde falleció, llevándose a su tumba incontables secretos.

Compartir – Desde el Margen – La Haine – 25/12/2012

 

Negocios, vaticanos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s